Black Lives Matter

Bajo la premisa de Black Lives Matter, los disturbios causados por el asesinato de George Floyd, estrangulado con su rodilla por el agente Derek Chauvin en Minnesota, han incendiado el país que afronta la mayor ola de protestas desde el asesinato de Martin Luther King en 1968. Pero, la música nunca es ajena a la temperatura de la calle y tampoco es sorda a los reclamos de la gente.

Hay discos que cambiaron la historia a lo largo del tiempo. Hay discos que impulsaron la historia a lo largo del tiempo. Hay discos que serán la historia del tiempo.

Desde Emave Musical, haremos un repaso específicamente por esos trabajos que la comunidad negra -afrodescendientes- dio a todo el mundo una base sólida para luchar desde la música y el arte.

Curtis Mayfield – Curtis (Curtom; 1970), Black Lives Matter

El antiguo miembros de The Impressions comenzó su carrera en solitario con este álbum homónimo.

Curtis fue grabado entre mayo y julio de 1970 en los RCA Studios de Chicago. La producción corre a cargo del propio artista, quien también firma la totalidad de las composiciones incluidas.

Mayfield es uno de los máximos exponentes del Chicago soul, y en este trabajo también deja patente su querencia por los elementos progresivos del estilo, impregnado de funk y psicodelia.

En lo que a textos se refiere y como buen activista que fue, deja visiones sobre sus inquietudes políticas y sociales. El álbum es una genialidad del momento en el que sobresale un hit como “Move On Up”.

Gil Scott-Heron – Pieces of a Man (Flying Dutchman; 1971), Black Lives Matter

Pieces of a Man fue grabado en los RCS Studios de Nueva York (Estados Unidos) en tan solo dos días. Producido por Bob Thiele, Gil Scott ofrece su particular visión de soul fusionado con jazz y funk.

El artista de Chicago deja su huella con maestría en una serie de cortes compuestos por él mismo, y en algunos casos se ayuda de la visión de Brian Jackson, músico que además participa tocando el piano.

Estamos ante otro trabajo con tendencias políticas, aroma urbano, decididamente poético y, por momentos, sombrío. Uno de los cortes más importantes, “The Revolution Will Not Be Televised”, es todo instrumental, y tiene más que ver con el denominado spoken word y el proto-rap, pero es toda una declaración de principios y en él se comprende el espíritu de Gil Scott-Heron.

El disco se convirtió en clásico con el paso de los años.

Parliament – Mothership Connection (Casablanca; 1975)

Independientemente de las historias que haya detrás y que darían para un artículo aparte, Parliament y Funkadelic son dos bandas hermanas lideradas por George Clinton que acaban compartiendo miembros. 

En el caso de Parliament, tiene en Mothership Connection a uno de sus caballos insignia, plagado de funk enérgico, con mucho ritmo y con temáticas de ciencia ficción.

La instrumentación es exquisita, fomentando una explosión de sonido que termina por crear escuela. Aún siendo un trabajo de virtudes infinitas, sobresalen los clásicos “P-Funk (Wants to Get Funked Up)”, “Mothership Connection (Star Child)” y “Give Up the Funk (Tear the Roof off the Sucker)”.

El disco consiguió el disco de platino en los Estados Unidos y generó una influencia difícil de medir en el mundo del funk.

Marvin Gaye – What’s Going On (Tamla Motown; 1971)

Estamos ante uno de los álbumes más emblemáticos e influyentes de la música soul. Cuando Marvin Gaye lo publicó en 1971 ya era un artista reconocido en la escena, sin embargo, con What’s Going On multiplicó su estatus y propició que su figura fuese todavía más importante.

Fue grabado durante dos etapas, una en 1970 y otra al año siguiente en diversos estudios de grabación. La propuesta musical del mismo resulta elegante, pasional, con multitud de matices y una producción que corre a cargo del propio Marvin.

Funkadelic – Maggot Brain (Westbound Records; 1971)

Fue grabado entre 1970 y 1971 en los Universal Studios de Detroit, ciudad donde la música posee una mayor densidad y en algunas formas musicales se vuelve más áspera y dura.

El disco abre con la espeluznante composición que da título al disco. Un ejercicio musical de algo más de diez minutos en el que la banda ofrece su vertiente más ácida y experimental.

Maggot Brain es un disco sin fisuras, presentado con una portada asombrosa que está al nivel de una música a veces oscura, otras más hipnótica. Los textos ahondan en temas políticos, otros más surrealistas y, por momentos, se tornan filosóficos.

Stevie Wonder – Innervisions (Tamla Motown; 1973), Black Lives Matter

Aunque Stevie Wonder ya había mostrado cierto talento en sus primeros e irregulares trabajos, lo cierto es que su grandeza procede de sus discos más arriesgados de primera mitad de la década de los 70. Durante ese tiempo, el artista estadounidense parecía imbatible. Estaba en una etapa extraordinariamente prolífica y se adentraba en la fusión de estilos con una facilidad pasmosa.

Su época dorada, que comienza con Signed, Sealed & Delivered (1970), se forjó gracias a una constante superación en lo que a creatividad se refiere que parecía no tener fin.

Innervisions es una de sus puntas de lanza, y lo digo en plural porque no es la única. Ahora bien, parece la visión perfeccionada de lo que Stevie grabó en Talking Book (1972), es decir, una maraña de sonidos que exhiben dosis de soul, funk, jazz y psicodelia bajo el prisma social que sangraban sus textos.

Etta James – At Last! (Argo, Chess; 1961)

At Last! fue sin duda uno de los mayores logros de la carrera musical de Etta James. La artista, que se centra exclusivamente en interpretar versiones y composiciones de otros autores, hace una exhibición de poderío vocal que sobresale por encima de los arreglos de Riley Hampton y su orquesta.

Curiosamente, en la década de los 90 se lanzó como single principal “I Just Want to Make Love to You”, escrita por Willie Dixon en 1954 y grabada por Muddy Waters, siendo un exitazo gracias al empuje que le dio su utilización durante un mítico spot de Coca Cola Light.