Bocanada de Gustavo Cerati cumple 21 años. Desde Emave Musical lo recordamos.

Un 28 de junio de 1999, pasado dos años de la ultima presentación de Soda Stereo en River Plate. La banda se despedia por tiempo indefinido y sus tres integrantes tomaban caminos separados. Mientras Charly Alberti se dedicó a revolucionar el mundo de la música y el Internet y Zeta Bosio se instaló en su papel de promotor de bandas, Gustavo Cerati decidió tomarse un breve descanso familiar, al término del cual regresó a la música con puros proyectos electrónicos. Pero la voz no podía descansar para siempre y fue así que, ese día de 1999, Cerati editó el que sería su regreso triunfal a los escenarios.

Después de Soda Stereo, la llanura, un plano infinito y tan incierto como la idea de empezar de nuevo. A los 39 años, Gustavo Cerati encara el verdadero salto a la ruta solista sin pasaje de vuelta hacia el trío -como sí había ocurrido después de editar “Amor amarillo” en 1993-.

Ya no hay red de seguridad ni refugio para estirar la vuelta con ejercicios electrónicos: primero rodeado de músicos chilenos en Plan V y luego al mando de Ocio, junto a Flavio Etcheto, Cerati había frenado el tiempo de las canciones para internarse en las texturas y polirritmias del house, dejándose llevar por un pulso difuminado.

La cercanía con Flavio Etcheto, un joven maestro del sampler, develó el primer aliado. Siempre atento a las nuevas corrientes musicales, Cerati era fan de Resonantes, la notable banda de pop sónico que Etcheto lideró en los 90. Lo había convocado para participar de Dynamo, el disco de 1992 de Soda Stereo, y también del álbum en colaboración con Daniel Melero de ese mismo año, Colores santos.

Después, Cerati y Etcheto armaron el dúo electrónico Ocio, así que fue natural que “Flavius” viviera el proceso de Bocanada desde su origen, justo después del lanzamiento del disco debut del dúo, Medida universal, en el verano del 99. 

El rol de Etcheto en Bocanada es esencial: participa en todos los temas, comparte autoría en dos (“Alma” y “Perdonar es divino”), mete coros y loops, y hasta oficia de consejero en la selección de los músicos que formaron la primera banda de Cerati en versión solista.

No obstante, Bocanada también suena por momentos como la respuesta no intencional a las inevitables comparaciones con su pasado musical, especialmente porque el disco va del funk al rock más tradicional y de regreso a la electrónica sin ningún miramiento, mostrando el eclecticismo inteligente de su creador.

Esta placa fue ideada lo mismo como “un álbum de canciones” que como un disco de samples y de inspiración cinéfila. Buena parte del mismo fue grabado, como el mismo confesó en una entrevista para la Rolling Stone argentina, con

“un 60% de composición sobre instrumentos como el AMPC, que es una especie de centro de producción musical done sampleo mis guitarras, mis voces, y donde también armo los temas”.

Bocanada abre fuerte y prácticamente no da un momento de descanso hasta el final. Tenemos al principio la onda sensual y tribal de “Tabú”, para después continuar con un tema de estructura más clásica: “Engaña”. El tercer track, queda nombre al disco, es curioso saber que Cerati le puso “Crooner” como nombre temporal de grabación, antes de bautizarlo definitivamente.

Curioso porque esta melodía, definida por él mismo como un bolero/jazz, es un evidente intento por jugar a la seducción vocal en la mejor tradición del baladista clásico, aunque con un fondo compuesto por elementos tan poco relacionados con el jazz como los scratches y los samples.

En otras melodías, como “Raiz”, Cerati hacía un guiño a su pasado como Soda al utilizar un sample de Los Jaivas, que recuerda a  “Cuando pase el temblor” de su antigua agrupación. Mientras tanto, el propio cantante definió, en una entrevista de la época a “Paseo inmoral” como una especie de glam-tecno-rock guitarrero y a “Alma II” como un “jam de expansión”. El trabajo también contiene temas más cercanos al hit radial como “Puente” o “Paseo inmoral”, además de un sueño hecho realidad para el músico en la forma de “Verbo Carne”:

“La grabación que se realizó en Abbey Road con 48 músicos de la London Session Orchestra dirigida por su primer violinista, que ya hizo trabajos con Massive Attack y mucha gente antes; tremendo como tocaron, fue un momento muy emocionante para mí, y es impresionante lo que va pasando con el clima de esta grabación. Y bueno, después me fui corriendo con las cintas al estudio en que habitualmente trabajábamos, que no era Abbey Road, y ahí puse la voz, en un estado de éxtasis total. Es un momento muy importante del disco, como un pináculo.”

Bocanada es a su modo un disco de divorcio , aunque no tiene nada que ver con los niveles confesionales de ira y soledad que alcanzó Bob Dylan en Blood on the Tracks . El álbum de Cerati plantea una mirada melancólica sobre las primeras grietas que anticipan una ruptura, visiones en cámara lenta y sin los típicos excesos que explicitan el dolor y la pérdida. Varios de sus delicados pliegues se volvieron más reconocibles cuando, en 2002, se conoció la noticia de su separación. Insinuaciones del deterioro afectivo aparecen en varias letras del disco.