James Dewitt Yancey o más conocido como J Dilla o Jay Dee, fue el músico-productor que cambió la historia de la música negra, por sobre todo el hip hop, para el resto de nuestros días.

«First let me introduce myself

My peeps call me Dilla

Known to write and produce myself

Also I’m a pimp by nature

Worked hard though

Ball more than the NBA does, it’s Dilla.»

–»The Introduction», J Dilla.

James Yancey nació un 7 de febrero en Detroit, Michigan, hijo de una cantante de ópera y un pianista y bajista de Jazz. Creció en Conant Gardens y comenzó a aprender armonía con tan solo unos años de edad, ayudado por una familia realmente sorprendida por el talento natural del pequeño. Su relación con el vinilo comenzó también muy pronto, así como con la producción: con tan solo 11 años de edad ya facturó sus primeros beats. Dilla jugaba con una reproductora de cassette, grabando y re-grabando los discos de la colección familiar y los que empezó a comprar con sus ahorros. Iba a la tienda, probaba y elegía.

Ya en secundaria, un Día que soñaba con parecerse a su ídolo, Pete Rock, ya con una desarrollada pasión por el Hip Hop y transferido al instituto Detroit Pershing High School, conoce a los que iban a ser sus dos compañeros al frente de Slum Village, T3 y Baatin. La génesis del grupo tuvo lugar en las batallas de Rap y diferentes congregaciones de la zona; liderados por Jay Dee, quien tiempo antes había conocido y se había visto influido por el multi-instrumentista de Detroit Amp Fiddler (justo la persona que puso en sus mano la primera MPC, antes de eso, Jay Dee funcionaba y creaba con un limitado instrumental), decidieron comenzar a trabajar en el estudio casero del primero, comenzando así un camino imparable.

Entre 1996 y 1997 se grabó “Fan-Tas-Tic (Vol. 1)”, ya con Jay Dee en The Ummah, primer álbum que recorrió Detroit en forma de cassette/bootleg y que únicamente distribuyó entre público de la zona y asistentes a los conciertos. El mérito de la formación Slum Village en aquel tiempo se basó en su contraste con la escena predominante del Hip Hop en Detroit por aquella época; a diferencia de otros actos, ellos recogían una fuerte influencia llegada desde NYC, proponiendo un acercamiento relajado, tibio, muy alejado de la agresividad predominante, mientras que Jay Dee favorecía las melodías emotivas y originales a la vez, la acentuación jazzística, las percusiones con leves desfases y cambios de tonalidad, los profundos basslines y sobre todo, el culto sublime a las bajas frecuencias, dando un aspecto austero y elegantemente subterráneo a la producción.

Hoy en día, queda claro que la inventiva del productor iba más allá de simples conocimientos en cuanto a composición, musicalidad y armonía; en el que fue su clímax como productor (del año 2000 y hasta “Donuts”, álbum que debe tratarse independientemente por razones que luego trataré de explicar), Jay Dee consiguió marcas los pasos a seguir por el Soul contemporáneo y las tendencias predominantes años después (Erykah Badu, D’Angelo, Janet Jackson, Raphael Saadiq, por citar solo algunos que trabajaron o se relacionaron en algún momento con él), aportó las bases en cuanto a percusión y profundidad para el levantamiento de una poderosa escena beat-abstracta en L.A. y enseñó a sacar el máximo partido a samples con un carisma muy concreto, el mismo que impregnaría las producciones de “Like Water For Chocolate” de Common y daría lecciones impagables a un por aquel entonces principiante, Kanye West.

En ese sentido, y una vez que Dilla se mudó a L.A. definitivamente en 2004, la retroalimentación entre los dos productores más influyentes de la última década fue sana y productiva, acercándose el uno al otro y compartiendo perspectivas y razonamientos que, sobre todo en Madlib, se dejarían ver más adelante como síntomas claros de influencia y huella por parte del primero; de hecho, “Vol. 1-2: Movie Scenes” el primer volumen de la serie Beat Konducta en clave recopilación, unión de pequeños fragmentos de samples a modo de cómic, collage, puede verse como una consensuada emulación de lo que propuso “Donuts”, combinando esa magia con el histrionismo característico post-Quasimoto.

Aunque las influencias en uno y otro a partir de su encuentro fueron clarísimas, no se puede hoy en día discernir quién influyó más en líneas generales; lo único cierto es que ambos contribuyeron de manera capital a cambiar, regenerar la cultura del beat, de la producción, introduciendo distintos puntos de vista como fueron la exploración electrónica y la noción de que un beatmaker puede funcionar como artista en solitario, sin necesidad de lírica, tan solo por su valor como músico.